El “plan motosierra” aplicado sobre la producción nacional, Whirlpool bajó la persiana de su planta en Pilar y dejó en la calle a 220 trabajadores. La compañía, que hacía apenas tres años inauguraba su “fábrica modelo”, ahora abandona por completo la fabricación local y pasa a dedicarse únicamente a importar electrodomésticos.
El cierre se encadena con un 2025 marcado por retrocesos fabriles: caída del consumo, apertura de importaciones y contracción del mercado interno. Factores que muchos sectores señalan como consecuencia directa del rumbo económico del gobierno de Javier Milei.
En 2022, Whirlpool celebraba su planta más moderna, con capacidad para producir un lavarropas cada 40 segundos y exportar el 70% de su producción.
Esa apuesta quedó archivada en apenas tres años, en un contexto donde producir en la Argentina se vuelve cada vez más difícil frente al aluvión de importados y la caída de ventas.
Un 2025 lleno de persianas bajas
El caso de Whirlpool se suma a Essen, Dass, Ilva, Kenvue, Cramaco, la quiebra de La Suipachense y otras firmas que redujeron operaciones, cerraron plantas o pasaron directamente al esquema “100% importado”.
La tendencia es clara: desaceleración fabril, despidos y achicamiento del aparato productivo.
Luz verde para importar; rojo para la industria
Mientras el Gobierno sostiene que la apertura y la desregulación traerán eficiencia y competencia, lo que se observa en el terreno es lo contrario: fábricas apagándose, empleo industrial cayendo y empresas que abandonan la producción local para sobrevivir importando.