CONCIENCIA Y RESPONSABILIDAD CLIMATICA

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La intensificación de lluvias extremas e inundaciones ya no es una amenaza futura: es una consecuencia directa de nuestras acciones sobre el planeta. La sobreexplotación de los recursos naturales ha dejado su huella en los glaciares, bosques, humedales y océanos.: Para tener en cuenta : No se trata de salvar el mundo. Se trata de que no lo destruyamos nosotros mismos

A 15 años de la sanción de la Ley Nacional de Glaciares y en el Año Internacional de su Preservación, la advertencia es clara: estos ecosistemas son barreras vitales frente al caos climático. No podemos permitirnos perderlos.

Bahía Blanca en la Provincia de Buenos Aires fue escenario de un episodio sin precedentes: el 7 de marzo de 2025, cayeron más de 290 mm de lluvia en apenas tres horas. El saldo fue trágico: 16 fallecidos, 100 personas desaparecidas, pérdidas millonarias y la vida cotidiana totalmente paralizada. No es un hecho aislado: incendios en la Patagonia, olas de calor récord, tormentas de granizo… todos signos del calentamiento acelerado.

La verdad no siempre es hermosa, pero la mentira sí es peligrosa. Y la verdad climática es cruda: el año pasado fue el más cálido de la historia, superando por primera vez el umbral fijado por el Acuerdo de París. El informe de la OMM confirmó que 26 de los 29 eventos meteorológicos analizados fueron agravados por el cambio climático.

El equilibrio ambiental es nuestra mejor defensa. Cuando destruimos humedales, deforestamos o desmontamos, sellamos el suelo. El agua ya no se filtra, se desliza. Es como una rampa sin freno. Esto, sumado al retroceso de glaciares, convierte a ciudades enteras en zonas de alto riesgo.

Los glaciares, aparte de regular la temperatura global reflejando la radiación solar, cumplen una función fundamental en la dinámica hídrica. El deshielo acelerado produce:

• Aumento del caudal de ríos, provocando desbordes.

• Desbordes de lagos glaciares, generando inundaciones súbitas y deslizamientos.

• Inestabilidad de laderas, lo que puede bloquear cauces temporales y desatar aludes devastadores.

• Elevación del nivel del mar, debido a la pérdida masiva de hielo (335 mil millones de toneladas anuales desde 2006 a 2016).

La evolución no necesita la ayuda del hombre, pero sí su respeto. Si no respetamos los procesos naturales, la naturaleza nos pasará la factura.

En zonas como la región pampeana, el monocultivo crea superficies impermeables. Antes, esa agua era absorbida por el suelo y contenida por vegetación. Hoy fluye libre y destructiva hacia zonas más bajas, arrasando con lo que encuentra.

Proteger nuestros ecosistemas no es solo una causa ambiental, sino una política de supervivencia. La biodiversidad es un escudo natural ante el desastre.

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