Mientras los clubes hacen malabares para sostenerse, el intendente de Pringles y su concejal sacan sonrisas para las fotos
¿Una gestión que ve al deporte como trampolín electoral? Todo indica que sí. En pleno año de elecciones, el intendente Lisandro Matzkin decidió reactivar el Fondo del Deporte, ese mismo que había quedado en pausa. ¿Casualidad? ¿Gesto de buena voluntad? ¿O simple oportunismo político?
El concejal de Juntos Sebastián Querejeta, ladero político de Matzkin, salió a anunciar:
“Este año se vuelve a entregar el Fondo del Deporte”.
¿Se vuelve? ¿Y quién lo había dejado de entregar? ¿Quién lo dejó congelado? ¿Y por qué justo ahora lo “devuelven”?
La pregunta es inevitable: ¿toman por tontos a los vecinos de Coronel Pringles o subestiman la memoria colectiva?
El regreso del fondo justo cuando arrancan las campañas, cuando hay más cámaras que pelotas en los clubes, ¿es coincidencia? ¿O parte de una estrategia cuidadosamente armada para figurar en todas las fotos con sonrisas de ocasión?
Mientras los clubes siguen remando con rifas, ventas de empanadas y ayuda de vecinos, la gestión municipal parece ver al deporte como un decorado perfecto para su show de campaña. Aparecen cuando hay votos en juego, pero se borran cuando hay que bancar verdaderamente a las instituciones.
¿Y qué mensaje dan con esto? Que el deporte no es política pública, es utilería electoral. Que los clubes no son parte del tejido social, sino escenografía de campaña.
La frase de Querejeta, lejos de calmar, desnuda el cinismo:
“Se vuelve a entregar” Como si fuera un regalo y no una obligación. Como si bastara con reactivarlo para que los vecinos y clubes olviden el abandono previo.
El intendente Matzkin y su concejal juegan con el deporte como si fuera parte de un gran negocio político, muestran que les interesa más la foto que el esfuerzo de quienes todos los días sostienen a los clubes desde abajo.
Y lo que queda expuesto, más allá de los anuncios, es que ven a la política como una vidriera y a la gente como público cautivo.
Pero el deporte el real ese que no se compra ni se finge, ese que no necesita campañas para existir, sabe muy bien quién estuvo, quién se borró y quién vuelve sólo cuando hay cámaras.